Maria Luisa Puga, nació en México en el año 1944. Vivió la mayor parte de sus 60 años con la sensación de ser fuereña, de habitar sin pertenecer en distintos lugares del mundo. Su única ilusión era la de ser escritora. Al tiempo que leía historias de Corín Tellado, escribía las suyas propias, donde ella y su hermana eran las heroínas. Luego conoció el Diario de Ana Frank y comenzó a escribir un diario personal, donde daba orden a los sentimientos que transcurrían en su vida.
En abril de 1968, María Luisa Puga dejó la Ciudad de México y se trasladó a Europa. Ahí, transitó durante diez años por distintos países. En diciembre de 2004, ya comenzaba a caminar ayudada de un bastón o una andadera, y en uno de los chequeos de rutina por los que la escritora viajaba a México, se le detectó de manera tardía un cáncer avanzado en los ganglios y el hígado. Tres semanas después, fallecía el día de navidad a las 3 de la tarde en una clínica de Nutrición de la Ciudad de México. Dejó incompletas dos novelas más, donde el dolor jugaba un papel primordial en la historia.
Sus innumerables cuadernos de apuntes, a los que fue tan devota, quedaron resguardados por su amiga Elena Poniatowska. Su última petición, fue ser incinerada y sus cenizas enterradas al pie de su árbol “Esteban”, frente a la cabaña que guardaba su colección de videos, el recuerdo de un velero que naufragó y el amor que le profesó hasta el fin su pareja inseparable, Isaac Levín.
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