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El último lector
Hace meses que
no llueve en Icamole, por eso Melquisedec, en una
carreta jalada por un par de mulas, reparte el agua
que cada día trae desde otro pueblo. Lucio
se muere de hambre mientras regentea la biblioteca
del lugar, sin otro lector que él mismo,
decidiendo si cada libro ha de ser venerado o maldecido.
En el pozo de su huerta, hoy Remigio ha encontrado
el hermoso cadáver de una niña. La
historia apenas comienza. El último lector
es una reflexión sobre el acto de leer, sobre
la magia de la literatura y la inevitable comunión
que existe entre ésta y la realidad; es,
ante todo, una ovación por las novelas que
saben embriagar y seducir. (Tomado de la solapa
del libro).
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