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La casa de las dos palmas
En esta novela Mejía Vallejo trabajó durante varios años y siempre la consideró él como la que sería su obra mayor. No se requiere poseer dotes especiales de vidente, para que después de haber leído esta novela ejemplar, anticipar que los lectores y la crítica la situarán entre las mejores creaciones latinoamericanas. Y, entre las novelas de Mejía Vallejo, al lado de El día señalado (1964), de Aire de tango (1973), de tantas otras novelas y colecciones de cuentos que ubicaron a Mejía Vallejo entre los grandes narradores que escribieron y publicaron en el país y en todo el ancho mundo de habla española.
En La casa de las dos palmas el lector está de nuevo en Balandú, el pueblo es creado por la magia de Mejía Vallejo. Es la culminación de una riquísima etapa de su obra. Pero, al mismo tiempo, al terminar la lectura de sus 400 páginas plenas de aciertos de toda índole, --en personajes, en situaciones, en ambientes--, el lector llega a la conclusión de que Mejía Vallejo, a los 65 años de su vida, está en espléndida madurez creadora. Y que de él pueden, --y deben— esperarse nuevas obras de narrativa singularmente valiosas. Con la certeza de que tan fácil vaticinio va a cumplirse inexorablemente.
Extracto del texto escrito por Germán Vargas Cantillo para el lomo de la edición de La casa de las dos palmas, 1988, Editorial Planeta.
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