“Poesía en voz baja” presenta al escritor Armando Rojas Guardia. En Fundación Celarg el miércoles 31 de julio

El espacio “Poesía en voz baja” presentará al escritor Armando Rojas Guardia, el miércoles 31 de julio de 2019, a partir de las cuatro de la tarde, en la Sala Experimental Sótano 3 de la Fundación Celarg, con entrada libre.

En voz baja

“Poesía en voz baja” es un espacio plural en el cual los escritores comparten sus creaciones. Su moderador, Alejandro Bruzual plantea lo siguiente: “Queremos devolver la poesía a lo ritual, ir en busca entre un espacio, la palabra y el silencio. Exponernos al ritmo oral de la creación. Oír la voz portadora de significados escondidos en la palabra escrita. Propiciamos el recorrido con la experiencia literaria del poeta. Asistir a su propia historia de la palabra, a través de una selección personal y autobiográfica. Ir desde textos primeros hasta los más recientes. Visitar sus libros, sus poemas, sus deseos”.

Alejandro Bruzual comenta lo siguiente: “volvemos sobre los fueros de Poesía en Voz Baja, con el notable poeta venezolano Armando Rojas Guardia. Su obra es bastante conocida y apreciada, y, sin dudas, transmite un poeta consolidado, personal, de profunda vida interior. ¿Para qué si no la poesía? El tiempo convertido en obra es algo más que constancia y deseo. “…el poeta, solo”.

“Espero que apoyen con su presencia nuestro evento. Oír poemas y anécdotas de una vida intensa y llena de experiencias excepcionales, y en la propia voz del poeta será un privilegio para nosotros. Esto le da, siempre, un sentido especial a la creación literaria, una vitalidad inatrapable por el costado de la hoja, y es lo maravilloso de nuestro evento: propiciar la escritura en el aire. Un poeta, ahí, todo en voz baja y plena”, insistió Bruzual.

Y finalmente hace un llamado: “Para entusiasmarlos, les adelanto unos poemas, casi al azar, que no lo es nunca”.

OLVIDO INVOLUNTARIO

                                            A Silvia Cova

Yo sé que debo recordar algo que supe,

algún sanguíneo secreto hoy coagulado,

el nombre escuchado en la prehistoria

(alguna confidencia prenatal),

la raíz de mi memoria fisiológica,

la luz del fondo que me alumbró de pronto

y se quedó, como grano de anís, en mi cerebro,

la glándula que tengo y no consigo,

este hueco de víscera reciente,

la forma en la que cupo mi estatura,

el cómo dibujado en mis dos manos,

el dónde presentido en mis dos pies,

el eje siempre inmóvil de mis gestos,

la letra que completo cada día,

el instante que me busca a cada hora,

la fecha que me espera y que olvidé.

POSTALES DE SOLENTINAME 7

La maleza no acaba entre las piñas

y tres nuevas nítidas ampollas

se quejan del machete

(y aún quedan tres surcos por delante),

pero en el agua de esta cantimplora

sé que Ulises

                        ha vuelto a Ítaca,

que Cristo ha salido del sepulcro

para esperarme en los frijoles y las risas

del almuerzo.

VALIÓ LA PENA CONSTATARLO

Te escuchaba reír, y adivinaba

aquel barro más hondo

de mi cuerpo,

el lodo blanco

que formó a mi alma,

la materia de mi última, real anatomía.

Me bastaba estar ahí

donde te ríes,

para saberme grieta,

un hueco florecido,

algún cántaro roto,

el más húmedo

y podrido maderamen.

Oyéndote yo sé

que no hay remedio,

que nunca podré ser

aquel frondoso Armando prometido,

que siempre seré el monje

mendicante,

un mínimo juglar,

el poeta, solo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *